Si bien es cierto, los niños heredan la inteligencia de su mamá, no de su papá; vea el por qué.

Si bien es cierto, sabemos que los niños heredan diferentes características tanto de su mamá como de su papá –por ejemplo, mi hija heredó mi hermosura–. Sin embargo, si hablamos específicamente de la inteligencia, la ciencia indica que los hijos la obtienen en mayor medida de los genes de su madre (¡punto para nosotras!).

A pesar de que diversos estudios han investigado el tema desde hace años, uno de los más populares, realizado por el psicólogo Robert Lehrke, reveló que la mayoría de la inteligencia de un niño depende del cromosoma X. Y dado que las mujeres poseemos dos cromosomas X, tenemos más probabilidades de transmitir características relacionadas con la inteligencia.

Reforzando la idea anterior está un estudio de la Universidad de Ulm, que se encuentra en Alemania. Investigadores estudiaron los genes implicados en el daño cerebral y descubrieron que muchos de ellos, especialmente los relacionados con las capacidades cognitivas, se encuentran en (¡sorpresa!) el cromosoma X.

¿Cómo ayudar a tu hijo a desarrollar su inteligencia?

Ahora bien, aunque la genética materna juega un papel importante para la inteligencia de un pequeño, esto no es lo único que hay que considerar (es decir, no porque tú seas una eminencia tu hijo lo será forzosamente). Por ello, es necesario que apoyes a tu pequeño con diferentes actividades para que la desarrolle conforme va creciendo.

Una manera sencilla de ayudar a que tu hijo desarrolle su inteligencia es manteniendo un vínculo emocional fuerte con él. Eso lo hará desarrollar la capacidad para jugar juegos simbólicos complejos desde los dos años, ser persistente y tener menos frustración mientras resuelve problemas.

casadas vs solteras

De modo que ya lo sabes, sí, definitivamente te puedes comenzar a contonear como pavorreal ahora que sabes que, en gran medida, tu hijo heredó su inteligencia de ti. 

Nada volverá a ser igual cuando tus padres ya no están.

Si bien es cierto, cuando pensamos en ese momento en el que nuestros padres ya no estarán en este mundo se nos hace el corazón pedazos, pero la realidad es que es una experiencia que la mayoría de nosotros va a tener que experimentar por cuestión de ley de vida.

Si bien es cierto que muchas oportunidades aquellas peleas y momentos interminables que parecías tener con tus padres ahora ya se han olvidado ese momento en el que un representante de tu niñez fallece muere también una parte de ti.

Muchos dirían que la vida puede llegar a ser un tanto dura pues, aunque nosotros ya estemos mayores de edad nuestros padres siempre nos van a ver como unos niños y nosotros sentiremos que estamos como en una especie de refugio cuando estamos con ellos.

Si has experimentado este tipo de pérdida con alguno de tus padres o incluso ambos te animamos a que leas esta reflexión acerca de la importancia que tiene nuestros padres y como cuando esto se van nada vuelve a ser igual.

Si tus padres mueren tu vida cambia por completo

En muchas ocasiones se ha determinado que lo peor que puede experimentar un padre es la muerte de su hijo pues altera el orden natural de las cosas ya que lo usual es que sean los hijos los que vean fallecer a sus padres, pero esto no quiere decir que sea una etapa fácil de procesar en nuestra vida sino todo lo contrario.


Cuando se nos van nuestros padres entendemos que los próximos somos nosotros independientemente de que hayan cruzado la barrera de los 100 años el tiempo parece nunca seré suficiente cuando se refiere a aquellos a quienes amamos entre los cuales por supuesto están aquellos que dedicaron toda su vida a crearnos y apoyarnos en las buenas y en las malas.

Es por esto que nosotros hacemos una invitación en caso de que simplemente estés leyendo esta reflexión por casualidad o porque tengas algún amigo que está experimentando por este tipo de pérdida de valores a tus padres y que compartas un poco más con ellos deja a un lado las peleas y los malos entendidos y simplemente disfruta cada momento que te quede con ellos porque cuando ya no estén a tu lado no habrá vuelta atrás.

Mamá también se cansa. ¿Es mucho pedir un poquito de consideración?

La verdad es que hay diferentes maneras de abordar este tema. Intenté verlo desde el punto de vista de los hijos, de los maridos o de la opinión general; pero decidí plantearlo desde el punto de vista de la mujer que es madre, esposa y ama de casa. La mujer que nos cuida a todos. Vamos a dejar que hable ella misma. ¿Qué tendrá para decir?

“Siento que ya me levanté cansada. Son las siete de la mañana y ya estoy cansada. ¿Cómo puede ser? Es que no me levanté a las siete de la mañana sólo hoy… ¡Lo vengo haciendo desde hace años!

¿Cuánto hace que no voy a la peluquería y me tomo dos horas para mí? Ya saben, es el lugar en donde hay una señora simpática con la que charlamos mientras nos arregla el cabello. Tal vez porque siempre hay algo más para hacer en casa. ¿Por qué paso mirando rápido las vidrieras en lugar de entrar a comprar con tranquilidad algo que me guste? Porque se hace tarde para ir a buscar a los niños a la escuela o porque ya es la hora de preparar la comida.

Parece que mis días de vacaciones nunca llegan, no tengo sábado o domingo, no hay un día feriado… ¡Para el ama de casa todos los días son laborales!

Y entonces me pregunto si alguien nota en casa que estoy desbordada, pero igual sigo adelante, que tengo un mal día, pero lo disimulo, que me gustaría aunque sea por un rato estar en otra parte y sin embargo estoy aquí, planchando, cocinando o limpiando, que mi mal humor se debe a que espero que alguien lo vea, pero nadie lo ve, o al menos, espero que espontáneamente alguien considere que necesito ayuda.

Sin embargo, en cuanto manifiesto mi cansancio y mis ganas de desaparecer, recibo como respuesta caras de sorpresa, como que no se entiende a qué se debe mi enojo.


¿Es mucho pedir un poco de consideración?

Asumimos el rol de madres y esposas, con gusto y con decisión. Todas sabemos, cuando empezamos a transitar este camino, que no es fácil; pero tampoco tiene que ser tan duro si pudiéramos contar con la colaboración del resto de la familia.

Quienes cuidamos a todos, también necesitamos que nos cuiden.

Quienes mimamos a todos, también necesitamos que nos mimen.

Quienes hacemos lo posible por mantener la casa limpia, la ropa lista y la comida preparada, también queremos un poco de ayuda, un rato para nosotras y una palabra de reconocimiento. ¿O después de todo lo que hacemos, no lo merecemos?”

¿Alguna vez te sentiste cómo esta madre de familia? ¡Comparte tu experiencia de ama de casa!

Aprende a dejar de preocuparse por todo de esta manera.

Tengo como filosofía que preocuparse, es sufrir dos veces”. Esta frase pronunciada por uno de los protagonistas de la película “Animales Fantásticos”, resume a la perfección lo que sucede cuando nos preocupamos por demás o cuando nos preocupamos incluso por cosas que no sabemos a ciencia cierta si van a pasar. Precisamente, “nos hacemos la película”.

¿Ya te pasó de tener una preocupación en la cabeza que no puedes quitarte por mucho que te esfuerces? Claro… nos pasa casi de manera permanente y sin que nos demos cuenta.

Sufrimos, nos angustiamos, nos deprimimos y hasta llegamos a sentir el malestar en el cuerpo cuando tenemos una idea en mente que consume nuestra energía, porque imaginamos todos los posibles desenlaces y siempre son negativos.

Mi hija tiene 19 años y por primera vez salía del país, para visitar a una amiga que vive en Australia, cuenta Ángela.

Yo no estaba muy contenta con ese viaje, pero ella estaba tan entusiasmada, que era imposible negarme. Por otra parte, sabía que tenía que dejar que hiciera esta experiencia de conducirse sola, simplemente porque debemos entender que nuestros hijos crecen y quieren volar.

Junto con mi esposo, nos despedimos de ella en el aeropuerto y le hice prometer que me llamaría en cuanto llegara a destino. Pasaron la cantidad de horas previstas y empecé a esperar el tan ansiado llamado. Pero el llamado no llegaba.

Tenía que llegar a Sidney a las 3 de la tarde y ya eran las 5 y no tenía noticias de ella.

Mi desesperación empezó a ganarme la batalla. Estaba angustiada, nerviosa, pensando todo tipo de desgracias… no podía quedarme quieta y perdí la cuenta de la cantidad de veces que llamé sin obtener respuesta.

Mi esposo me decía que me tranquilizara, que seguramente estaba todo bien y que tenía que ser positiva. Pero yo no podía. ¿Y si se había desmayado? ¿Y si estaba enferma? ¿Y si no había encontrado a su amiga en el aeropuerto? ¿Y si la habían secuestrado? Creí que iba a enloquecer. Me sentía impotente. La angustia me cortaba la respiración…

Hasta que recibo un llamado de mi hija, diciéndome que el maletero del avión en donde había guardado su bolso junto con el teléfono, se había trabado y no lo podían abrir. Tuvo que esperar un buen rato hasta que lograron abrirlo.

La explicación de la demora era simple y estaba todo bien, pero todas las cosas terribles que imaginé durante esas dos horas, fueron un sufrimiento que no le deseo a nadie.”

¿Por qué será que nos cuesta tanto aferrarnos a esta frase que también encierra mucha verdad? “Si no hay noticias, son buenas noticias”.


La vida es puro imprevisto.

Desgraciadamente, insistimos en amargarnos la vida con sucesos que probablemente nunca lleguen, pero que hacemos que ocurran de manera catastrófica en nuestra mente.

A medida que el ser humano reflexiona sobre el futuro, se enfrenta a la ansiedad y a la intranquilidad. Cuando sentimos que poseemos algo, automáticamente imaginamos la angustia de poder perderlo. Y aunque no lo creas, estas sensaciones comienzan a gestarse en la infancia, cuando debemos aprender a compartir y debemos prestar un juguete, por ejemplo.

El problema es que nuestro cerebro querría que todo estuviera bajo control, mientras que la vida, es puro imprevisto. ¿De qué sirve preocuparse por el viaje a África dentro de seis meses y el riesgo de contraer malaria, si eso puede pasar donde vivimos y en cualquier momento? De eso se trata el imprevisto que no podemos controlar.

Tomando las cosas con calma.

Si quieres dejar de preocuparte, debes dejar de pensar. Pensar es algo bueno, por supuesto, pero cuando invertimos demasiado tiempo analizando las cosas, podemos generarnos un estrés innecesario. A veces, preocuparse tiene su lado positivo, porque es una manera de reconocer la importancia de una situación. Sin embargo, muchas veces nos preocupamos por cosas sin fundamento.

Cuando nos preocupamos, tratamos de proyectar en el futuro y nos imaginamos escenarios con resultados negativos. ¡Pensamos en los peores resultados!

En todas esas situaciones, la persona se preocupa por algo que aún no sucedió y la mayoría de las veces, nunca sucederá. Y no sólo eso, sino que se inquieta por cosas sobre las que no tiene ningún control. ¡Es necesario aprender a estar en el presente!

Debemos entender que la mayor parte de las cosas por las cuales nos preocupamos, nunca suceden. Podemos pasar gran parte de nuestras vidas en un estado de angustia por lo que supuestamente sucederá, al punto de arruinar nuestra felicidad. Incluso, hay quienes dejan de vivir y de disfrutar de las cosas que aman, por miedo a todas esas situaciones negativas posibles que se imaginan.

¿Cómo dejar de preocuparse por todo?

¡Esta es la gran pregunta! Para empezar, existe una regla simple a seguir: “Si no puedes hacer nada para mejorar la situación, deja de preocuparte.”

Cuando se trata de cosas sobre las que no tenemos ningún control, es en vano angustiarnos por lo que pueda suceder.

El estudiante que se preocupa por el resultado de su examen, pierde el tiempo, porque lo hecho, hecho está. Si pasa su tiempo angustiándose o divirtiéndose, poco importa, porque eso no cambiará el resultado.

Puedes intentar escribir tus preocupaciones más apremiantes y pasado un tiempo, evaluar en qué porcentaje todas ellas se concretan realmente. Una vez que te des cuenta de que no tenía sentido preocuparse por cosas sobre las que no tenemos ningún control, ni podemos modificar, comenzaremos a apreciar mejor la vida.

Recuerda: “La intranquilidad es una ruta que no lleva a ninguna parte. No dejes que dirija tu vida.” ¿Tú también te “haces la película”? ¿Cómo controlas esta situación? ¡Comenta y comparte!

6 razones que demuestran que jamás debes esperar nada de nadie.

“La mejor manera de no decepcionarse es no esperar nada de nadie”. ¿Había escuchado este refran este refrán?

Vivir con esperanzas es lo que nos motiva a seguir adelante y a nunca bajar los brazos, pero cuando esas esperanzas están depositadas en otros y no dependen directamente de nosotros, corremos el riesgo de sufrir decepciones esperando algo que nunca llega.

Esperamos que nuestros sueños se hagan, que otros reaccionen como nosotros deseamos, que nos amen como nosotros amamos… En resumen, queremos que otros sientan como nosotros sentimos. ¡Grave error! Y cuando eso no ocurre, sentimos que nuestro mundo se hunde.

El filósofo William James, fundador de la psicología funcional, desarrolló varias teorías sobre cómo ser feliz, y una de las principales consistía en que debíamos minimizar nuestras expectativas. Es decir, no esperar tanto de otros y no esperar tanto en general.

Sabemos que puede parecer injusto y un tanto frío, porque sobre todo en lo que concierne a las relaciones personales, es inevitable no tener esperanzas o expectativas.

Esperamos ciertos comportamientos de la persona que amamos, como ser amados al mismo tiempo, ser valorizados o defendidos; pero a veces esto que esperamos nunca llega.

Quien espera demasiado de los demás termina por sentirse herido o termina por culpar a los otros por no responder a las expectativas.

No esperar nada abre otras posibilidades.

Adoptar la posición de no esperar nada de los demás, abre la posibilidad a que cuando algo inesperado llega, nos sorprenda gratamente. La decepción nunca puede herirnos en este caso, porque al no tener expectativas sobre nada y sobre nadie, simplemente disfrutamos de lo que se presenta.

No debemos pensar que lo que esperamos de algunas personas y nunca llega, es porque no nos quieren o porque no nos toman en consideración. En ocasiones, las personas no pueden estar a la altura de nuestras expectativas o simplemente no son capaces de reaccionar como nosotros esperamos. En ese caso, debemos enfocarnos en relacionarnos con otros que estén capacitados para brindarnos lo que necesitamos de manera fluida, natural y sin esfuerzos.

Aceptar esto como un hecho, nos permite adaptarnos mejor a nuestro entorno.

Estos son los motivos por los cuales necesitas incluir a Dios en todos tus proyectos.

Si bien es cierto, cada vez que nos fijamos un objetivo, ponemos en este nuevo desafío toda nuestra energía y entusiasmo, pero si al final las cosas no suceden como lo esperábamos, rápidamente pensamos en el viejo dicho “el hombre propone, y Dios dispone”.

Algunas veces el nuevo proyecto nos pone en un estado de euforia tal que nos hace pasar por alto detalles importantes. Otras ocasiones, analizamos todo minuciosamente para no dejar nada librado al azar e invertimos mucho tiempo y esfuerzo en nuestro nuevo objetivo.

Puede ser empezar estudiar algo nuevo, cambiar de trabajo, hacer cambios en nuestra casa, agrandar la familia… Una vez que nos hemos decidido a dar este gran paso, nos lanzamos llenos de fuerza y energía.

¿No sería importante recordar un pasaje de la Biblia que dice: “encomienda a Dios tus obras y tus pensamientos serán afirmados”?

¿Qué quiere decir esto? Quiere decir que todo proyecto que encaramos con energía y entusiasmo, podría resultar mejor o ser más llevadero si invertimos un poco de tiempo en pedirle a Dios su ayuda y su guía a lo largo del nuevo camino por recorrer.

Hacer participar a Dios puede ser crucial a la hora de emprender algo nuevo en nuestras vidas y sentir la seguridad de que vamos a estar respaldados a lo largo de este trayecto con su sabiduría, su ayuda y sus consejos.

Todos somos conscientes de que los grandes logros se alcanzan con grandes esfuerzos y que el sacrificio que vamos a hacer y el trabajo que vamos invertir, tendrán su recompensa mañana; pero la ayuda de Dios puede darle un giro inesperado a cada cosa nueva que emprendamos.

Encomendarnos en este momento a Dios también implica sentir la fuerza que brinda para no bajar los brazos a mitad del camino cuando las dificultades surjan y no nos deje rendirnos renovando nuestra fe, alimentando nuestra mente y espíritu y dándonos el impulso necesario para seguir adelante.

Siempre necesitamos de él y de su guía para poder aprovechar las oportunidades que se nos presenten y nos acompañe en la toma de buenas decisiones y en la paciencia necesaria que requerirán las adversidades que inevitablemente aparecerán, porque ningún logro, ningún esfuerzo, nada grande se obtiene; sin sortear dificultades y problemas.

Dios conoce nuestros miedos y nuestras debilidades. Es un momento crucial en el que trabajamos para alcanzar nuestros sueños, invoquemos su protección y su apoyo para transitarlo en su compañía.

Al final, cuando nuestro camino haya concluido, independientemente del resultado obtenido, agradezcamos los favores recibidos o las enseñanzas que han resultado después de haber transitado una experiencia más de vida.

Agradezcamos por los buenos momentos, y también por los difíciles que han contribuido a hacernos crecer más y mejor como personas. Agradezcamos por nuestras familias, por nuestros amigos y por acompañarnos siempre, aún a pesar de nuestros errores y desaciertos.

Se dice que “la fe mueve montañas” y todos los que creemos en Dios sabemos que es posible. Él todo lo ve, y si trabajamos con confianza, amor y esmero; recompensará con felicidad nuestra voluntad y dedicación.

¿Incluyes a Dios en tus proyectos para que te acompañe a recorrer ese camino? Queremos conocer tu opinión y pedirte que compartas este consejo tan hermoso.